Gestionar la cultura en tiempos de crisis.

( artículo publicado en el Nº O de la Revsita de Gestión y Cultura)

Hasta este momento parece que la crisis no afecta mucho a la participación de la ciudadanía a la vida cultural, tanto como público, en el consumo o en la práctica cultural. Pero si va a afectar a la financiación de las organizaciones culturales por la vía de los aportes públicos o el patrocinio.

Todo parece que vienen tiempos donde es necesaria una reflexión profunda en la gestión cultural, tanto del recorrido realizado como de los caminos de futuro. Ya nada va a ser como antes, aunque el sector cultural, como nos tiene acostumbrado, sea reacio a cambios rápidos y estratégicos. Requerirá una respuesta o también  puede situarse en un cierto estado de pasividad esperando que pase el tiempo.

Ciertas políticas de expansión y activismo, hiperactividad frenética, crecimiento permanente y poco estudio de sostenibilidad van a entrar en conflicto, entre el mantenimiento de estructuras y la reducción de los presupuestos públicos. Quizás se dispondrá de los mismos fondos pero los costes van aumentando.

La pregunta se plantea ¿Cómo ha de actuar la gestión de la cultura para contribuir a dinámicas de crecimiento y creación de empleo? . Es decir, si la cultura puede convertirse en un sector que participe activamente con el resto de la sociedad en salir de esta situación. Creo que o somos capaces de enviar un mensaje claro y concreto, o no tendremos ninguna opción de participar, quedando como un sector marginal y no estratégico.

Si consideramos como cultura el potencial de innovación de la digitalización de contenidos y medios audiovisuales encontramos un espacio importante donde la gestión cultural puede actuar abriendo nuevos horizontes a partir de la investigación y el desarrollo de nuevos productos. Por aquí hay una vía importante.

Por otro lado es importante proponer acciones en el campo de la inversión pública, aprovechando, por ejemplo, el primer plan de empleo que ha lanzado el gobierno a través de los ayuntamientos y otros que vendrán. Pero invertir en cultura en tiempo de crisis requiere una lectura muy diferente a las políticas de inversión de las últimas décadas. Es necesaria una adecuación al contexto actual; invertir para generar obra pública, empleo en la construcción, pero también condiciones para el desarrollo del sector cultural. Esta propuesta está muy lejos del colosalismo de las inversiones culturales de los últimos años que genera gastos de mantenimiento estructural muy altos y escasa sostenibilidad, si no aumentan los ingresos o aportaciones públicas.

Me parece importante invertir en espacios culturales que presenten la capacidad de generar dinamismos y asumir una parte de su sostenibilidad. Podríamos hablar de espacios culturales modestos, abiertos, etc. que ofrecen espacio público a los creadores, artistas, productores para el desarrollo de sus actividades. Capaces de atraer a emprendedores en proyectos culturales para llevar a cabo sus acciones. Espacios que faciliten la dinamización del sector cultural a partir de compartir una buena alianza público-privada en clave de I+D+I y el fomento de empleo en el sector.

Ya es hora que el concepto de low cost pueda aplicarse a equipamientos culturales de atracción de iniciativas creativas, donde puedan convivir espacio público – creación – desarrollo económico. Inversiones pensadas en su rentabilidad por metro cuadrado donde se piense en gastos que se puedan asumir en forma de autoservicio, autonomía y participación. Como pueden ver, les estoy hablado de contenedores, de facilitadores de los procesos creativos y empresariales, donde los contenidos los aporten los actores culturales que tienen proyectos, ideas y cosas que compartir y que se comprometen a generar actividad y empleo cultural. No creen Uds. que es el momento para que alguna de estas ideas se intente plantear en el sector cultural.

¿Vamos a participar activamente como agentes sociales en los problemas de la sociedad contemporánea?

Si lo hacemos creo que habremos hecho un paso muy significativo.

Alfons Martinell – Mayo/09

Crisis y Gestión Cultural

Artículo publicado en la Revista Circuitos de espacios escénicos andaluces
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Revista Circuitos de espacios escénicos andaluces

Es habitual que en tiempos de crisis o escasez se reduzcan los presupuestos de lo que denominan fríamente políticas “improductivas” o “prescindibles” para dar sensación de seriedad, entre ellas siempre si sitúa la cultura, como si fuera un gasto superfluo y que no tiene que ver con el crecimiento económico, el empleo, etc., y nadie va a protestar. En esta crisis que presenta muchas novedades, y las salidas no son de manual, ya es hora que la gestión cultural haga valer sus conocimientos y argumente bien los impactos de la cultura a partir de los datos recogidos tanto por el Ministerio de Cultura, las Comunidades Autónomas y diferentes estudios bastante cualificados. Aunque para los medios de comunicación, y la mayoría de la población, tienen la opinión que los presupuestos de cultura son solo aquellos actos relevantes, a veces frívolos,  que tienen una gran repercusión mediática. O las grandes operaciones de prestigio, a veces exageradas, de un evento significativo donde se es capaz de romper los precios del mercado. Pero la realidad de nuestro entorno no es esta, la mayoría de gastos de cultura van dirigidos al mantenimiento de la estructura y equipamientos que se han ido creando en nuestras ciudades. Este gasto en cultura tiene un impacto indirecto en otros sectores proveedores de diferentes tipos a la actividad cultural y el funcionamiento interno de los equipamientos culturales públicos.

Por otro lado las programaciones culturales de teatros, salas, centro culturales, centros cívicos, bibliotecas, museos, centros de arte, etc… tienen una gran valor por sí mismos como proveedores de una oferta cultural variada, próxima y diversa para la ciudadanía. Pero también sus actividades invierten en la existencia de unos actores de la vida cultural, un sector económico que se caracteriza por la existencia de un gran número de autónomos, pequeñas empresas e industrias culturales de tamaño medio, que tienen un gran impacto local. Por esta razón la reducción de estos presupuestos de cultura en ayuntamientos, diputaciones y Comunidades Autónomas, no irán a la reducción de las estructuras, sino directamente a incidir en un sector social y económico muy sensible a estos cambios y que puede desaparecer si no se actúa con inteligencia. El posible coste social y económico, a largo plazo, de la “pérdida” de este sector, que ha crecido mucho desde la última gran crisis, ha de provocar una seria reflexión de nuestros responsables políticos por su alto valor simbólico y por los desequilibrios que se puedan producir.

Pero en tiempo de crisis también se puede aprovechar para una lectura más interna, si quieren más crítica, dirigida al análisis de los costes de mantenimiento de nuestras infraestructuras culturales y si están bien orientadas hacia una sostenibilidad digna en el futuro. Todos conocemos los grandes esfuerzos de nuestras administraciones públicas en la construcción de nuevos equipamientos para superar el gran retraso que tenía nuestro país y crear unas condiciones de futuro. No siempre se han tomado las decisiones con la necesaria distancia ni con los criterios técnicos requeridos, pocas veces se han evaluado lo que podríamos denominar el “estudio de impacto”, necesario para ver como se incide en el presente y que repercusiones tendría nuestra decisión en clave de fututo. Y a veces las alegrías por las inauguraciones de las “piedras y el cemento” de la cultura no nos han permitido situar el proyecto en relación a las disponibilidades de su entrono. Después de treinta años de democracia, desde que los ayuntamientos democráticos iniciaron el proceso de reconstrucción democrática de la ciudadanía (1979), donde la cultura jugó un papel importante en la reconstrucción política del espacio público, los valores y la memoria colectiva. Ahora hemos de abordar nuevos retos y el estudio de sostenibilidad de nuestros mapas culturales son de gran importancia para aprender de esta etapa y proyectar los futuros. Las reducciones presupuestarias se pueden analizar con detalle en varias direcciones:

En primer lugar, que parte del presupuesto queda reducido o congelado para el funcionamiento de la estructura (personal, mantenimiento, consumos, etc…) y cual resta para actividades, producciones, programaciones, etc., que tienen impacto en los otros agentes culturales. Esta primera reflexión nos conduce a considerar de qué forma actúa nuestro sistema cultural y si el porcentaje de estructura es demasiado alto. Si hay reducciones hemos de estudiar qué parte es inamovible para la estructura y si los recortes afectan mayoritariamente a la programación y producción. Si es así estamos ante un hecho que reclama una reflexión profunda y observar con detalle la repercusión que va a tener con este frágil sector cultural  que anunciábamos. En este sentido es el momento de valorar el grado de sostenibilidad de estas infraestructuras con los suficientes recursos para que en su interior se siga programando a un nivel exigencia y calidad

En segundo lugar una reflexión en clave de propuesta; si para agilizar el empleo se ha invertido en obra pública en los municipios, quizás es la hora que el sector cultural vaya preparando ideas y proyectos para generar empleo a partir de las actividades culturales, o el fomento de empresas que conjuguen innovación, creatividad y empleo. Se nos avecinan tiempos difíciles donde la imaginación va a ser determinante para el mantenimiento de nuestro sector cultural y la adaptabilidad a nuevas formas de llevar a cabo la gestión cultural.

Y finalmente, quizás ya va siendo hora que nuestro sistema cultural estatal actúe más intensamente en reducir los efectos de esta situación. Ya sabemos que las administraciones locales y autonómicas gestionan más del 85% del gasto público en cultura. Financian sus competencias y han hecho grandes esfuerzos por disponer de capital humano, organización legislativa y  una estructuración del territorio de acuerdo con los principios de democracia cultural. De la misma forma han buscado su propia centralidad a partir de proyectos significativos de acuerdo con la realidad de su entorno como en apuestas de futuro en modernidad e innovación. Este proceso de descentralización ha representado un factor altamente distributivo de la vida cultural de España, y ha permitido un desarrollo cultural muy significativo que se puede observar en la gran vitalidad del territorio como impulsor de las dinámicas culturales.

Pero ya es el momento de avanzar en la interacción cultural entre las Comunidades Autónomas y entes locales más allá de sus competencias territoriales. Hemos de ser capaces de desarrollar el art. 149.2 de la Constitución Española “Sin perjuicio de las competencias que podrán asumir las Comunidades Autónomas, el Estado considerará el servicio de la cultura deber y atribución esencial y facilitará la comunicación entre las Comunidades Autónomas, de acuerdo con ellas”: Facilitar la interacción cultural entre niveles de administración es una tarea pendiente que no ha encontrado formas de articularse desde la normalidad y aprovechar el potencial del gran cambio cultural que han generado la gestión autonómica y local.

Quizás en este momento de crisis el sector cultural se vería reforzado en la medida que encontremos sistemas de incentivar estos intercambios de proyectos, producciones y acciones entre los territorios del Estado. Aquí podríamos incidir en compensar ciertos desajustes que las reducciones presupuestarias van a provocar y abrir nuevos campos en la circulación entre comunidades de las expresiones.

Para este fin es necesario un cambio de mentalidad en la gestión cultural, más creativa, innovadora y capaz de encontrara salidas a nuevas realidades, pero también requiere un cierto nivel de consenso para legislar o solamente regular este principio de “comunicación “cultural” que lleva tanto tiempo esperando. Creo que por estas vías se pueden encontrar respuestas positivas a las situaciones que nos enfrentamos y mantener una proactividad en el sector cultural.

Alfons Martinell Sempere. Director de la Cátedra Unesco Políticas Culturales y Cooperación. Universidad de Girona. 2009