NUEVOS ESCENARIOS PARA LAS POLÍTICAS CULTURALES. Apertura de Reflexiones

 NUEVOS ESCENARIOS PARA LAS POLÍTICAS CULTURALES.

APERTURA DE REFLEXIONES

Después de estos primeros años, de una (o unas) crisis sin precedentes, nuestras sociedades asumen este próximo año 2012 con menos sorpresas y la convicción de que el trayecto va a ser largo y difícil. Estamos convencidos que las recetas tradicionales de las políticas culturales se presentan como añejas y maltratadas para convivir y dar respuestas a esta contemporaneidad. Las políticas culturales han de cambiar mucho para conseguir un mínimo de credibilidad entre una ciudadanía indiferente a los recortes en cultura y más preocupada por otros sectores más sensibles de su cotidianeidad (sanidad, educación, universidades, etc…).

Reflexionar sobre este tema requiere una actitud más amplia que la tradicional mirada hacia el pasado y la tradición, requiere la valentía de mirar (y generar imágenes) al futuro con una actitud innovadora buscando los escenarios de la prospectiva para no perder tiempo ni oportunidad. El reto es situarnos mucho más cerca a las dinámicas de la ciencia y la tecnología, pero en el ámbito de nuestra especificidad social. La cultura siempre ha sido lenta a los cambios como nos recuerda Emilio Lamo de Espinosa:

“” Creo que el ritmo de cambio social que genera la ciencia es tan rápido, que la cultura no puede asentarse, porque requiere un proceso de al menos tres generaciones. Si cultura son todas aquellas actitudes que aceptamos como evidentes, la ciencia no permite su asentamiento, porque innova muy deprisa y no permite generar consensos culturales acerca de ciertas conductas.””

Revisar las políticas culturales requiere correr riesgos sobre el statu quo que tienen para ciertas élites dirigentes (artísticas y políticas), medios de comunicación o grupos de presión de todo tipo (económicos, mediáticos, territoriales, etc….) para configurar una nueva generación de propuestas sobre las relaciones entre el interés general y el mercado en nuestra vida cultural.

Tenemos un ejemplo cercano, salvando las distancias, en Francia con el gran número de publicaciones, estudios y reflexiones que se generaron a partir de 2009 celebrando el cincuenta aniversario de Ministerio de Cultura que creó De Gaulle y André Malraux en 1959. Desde posiciones contrarias a las políticas culturales al panegírico de la gran tarea histórica de este departamento en nuestro país vecino se han manifestado un gran número de aportaciones intelectuales y técnicas muy ricas y estimuladoras.

En este espíritu iniciamos en este blog una serie de reflexiones que ordenan ideas propias y comparten análisis con la esperanza que también contribuyan una confluencia de acciones.

“”El mundo siempre cambiante requiere continuamente formas nuevas en las que ésta se refleje. Dichas formas se conocen asimismo con el nombre de cultura. Destruir la cultura significa destruir la verdad. Y destruir la verdad no es otra cosa que privar al hombre de su dignidad”” Rob Riemen (2006): Nobleza der espíritu, Arcadia, Barcelona

VUELTA AL TRABAJO

Reinicio este cuaderno del blog, después de un largo silencio en este espacio, el trabajo cotidiano y las obligaciones me han alejado de mi compromiso de compartir reflexiones al margen de publicaciones, conferencias o docencia.
Aquí estoy en un tiempo de grandes cambios y perplejidades, donde las incertezas son mayores que las seguridades, donde cada día nos sorprenden las fragilidades de las conquistas sociales de todo un siglo y asistimos a cambios de paradigmas muy significativos. En este momento es importante reflexionar con agudeza para ahuyentar el desánimo o el pesimismo y construir perspectivas de futuro. Quizás la autocrítica puede ser un camino analítico como también el debate abierto sin corazas, dejar de lado los saberes para aceptar con modestia que es tiempo de nuevos aprendizajes, reeducación o actualización. No creo que sean épocas de grandes elocuencias ni de posiciones doctrinales o estáticas, ahora corresponde sencillamente preocuparse de lo actual con compromiso, generosidad y solidaridad con los que están sufriendo en su bienestar las repercusiones socioeconómicas de unas crisis que se van sobreponiendo dentro de la gran confusión.
Una primera alerta se nos presenta cuando la realidad actual está azotando tan fuerte a los jóvenes de nuestra sociedad. Nunca habíamos dispuesto de una generación tan formada y preparada pero con tan pocas posibilidades de ponerse a prueba en el ejercicio de sus potencialidades. ¿Qué miopía no nos permitió ver que el seguimiento de las leyes del mercado y la implementación de una economía tan desregularizada nos llevaría a este fracaso social? Después de cumplir el sueño de una generación de la postguerra y el franquismo de que sus hijos tuvieran acceso a la educación y a estudios universitarios estos observan y conviven con la cotidianeidad de un mercado de trabajo que no permite el acceso de sus descendientes. El desempleo ilustrado, como he explicado algunas veces, se convierte en un trance de desequilibrio social y un fenómeno inédito dentro de todas las teorías de desarrollo clásicas. Un mercado de trabajo que no coincide con las expectativas ni con la formación especializada que les hemos ofrecido y alentado. Cada día recibo escritos y curriculums de personas preparadas y con interés en trabajar en temáticas que les atraen y estiman que pueden llevar a cabo pero no encuentran puerto, ni pueden navegar en el campo de sus deseos y perspectivas. Una gran frustración nos invade a cotidiano en este triste escenario.
A finales de este complejo año 2011 donde ha cambiado totalmente nuestro paisaje europeo, donde hemos pasado del crecimiento desmesurado al decrecimiento empobrecedor. Creíamos que habíamos conseguido un nivel de desarrollo en los treinta años de democracia y nos había recuperado un poco de los desniveles con el resto de la Europa del norte y ahora hemos visto que no todo eran rosas y es necesario trabajar, luchar y comprometernos a recuperar futuros y defender los avances de nuestra sociedad. Ha costado mucho llegar aquí para que nos lo dejemos sustraer por esto que hemos llamado “mercados” o por nuevas formas de autoritarismo.