VUELTA AL TRABAJO

Reinicio este cuaderno del blog, después de un largo silencio en este espacio, el trabajo cotidiano y las obligaciones me han alejado de mi compromiso de compartir reflexiones al margen de publicaciones, conferencias o docencia.
Aquí estoy en un tiempo de grandes cambios y perplejidades, donde las incertezas son mayores que las seguridades, donde cada día nos sorprenden las fragilidades de las conquistas sociales de todo un siglo y asistimos a cambios de paradigmas muy significativos. En este momento es importante reflexionar con agudeza para ahuyentar el desánimo o el pesimismo y construir perspectivas de futuro. Quizás la autocrítica puede ser un camino analítico como también el debate abierto sin corazas, dejar de lado los saberes para aceptar con modestia que es tiempo de nuevos aprendizajes, reeducación o actualización. No creo que sean épocas de grandes elocuencias ni de posiciones doctrinales o estáticas, ahora corresponde sencillamente preocuparse de lo actual con compromiso, generosidad y solidaridad con los que están sufriendo en su bienestar las repercusiones socioeconómicas de unas crisis que se van sobreponiendo dentro de la gran confusión.
Una primera alerta se nos presenta cuando la realidad actual está azotando tan fuerte a los jóvenes de nuestra sociedad. Nunca habíamos dispuesto de una generación tan formada y preparada pero con tan pocas posibilidades de ponerse a prueba en el ejercicio de sus potencialidades. ¿Qué miopía no nos permitió ver que el seguimiento de las leyes del mercado y la implementación de una economía tan desregularizada nos llevaría a este fracaso social? Después de cumplir el sueño de una generación de la postguerra y el franquismo de que sus hijos tuvieran acceso a la educación y a estudios universitarios estos observan y conviven con la cotidianeidad de un mercado de trabajo que no permite el acceso de sus descendientes. El desempleo ilustrado, como he explicado algunas veces, se convierte en un trance de desequilibrio social y un fenómeno inédito dentro de todas las teorías de desarrollo clásicas. Un mercado de trabajo que no coincide con las expectativas ni con la formación especializada que les hemos ofrecido y alentado. Cada día recibo escritos y curriculums de personas preparadas y con interés en trabajar en temáticas que les atraen y estiman que pueden llevar a cabo pero no encuentran puerto, ni pueden navegar en el campo de sus deseos y perspectivas. Una gran frustración nos invade a cotidiano en este triste escenario.
A finales de este complejo año 2011 donde ha cambiado totalmente nuestro paisaje europeo, donde hemos pasado del crecimiento desmesurado al decrecimiento empobrecedor. Creíamos que habíamos conseguido un nivel de desarrollo en los treinta años de democracia y nos había recuperado un poco de los desniveles con el resto de la Europa del norte y ahora hemos visto que no todo eran rosas y es necesario trabajar, luchar y comprometernos a recuperar futuros y defender los avances de nuestra sociedad. Ha costado mucho llegar aquí para que nos lo dejemos sustraer por esto que hemos llamado “mercados” o por nuevas formas de autoritarismo.